sábado, 6 de enero de 2018

Rally Dakar 2018: Kevin y Luciano Benavides exponentes salteños en la gran competencia.

Los hermanos Luciano, debutante, y Kevin, la carta argentina, compiten en el Dakar pero corren en escuderías distintas: KTM y Honda.


El mismo apellido y el mismo objetivo: vencer al Dakar. La misma motivación pero con distintos equipos. Así es como se define el presente de los argentinos Kevin y Luciano Benavides, hermanos que competirán en bandos opuestos. Mientras el primero va con Honda Racing Team, el segundo corre en KTM. Un clásico en motos que se disputará en familia.

Para muchos, Kevin, con 28 años, es uno de los favoritos para ganar la prueba en su categoría. En el 2016 alcanzó el cuarto puesto cuando apenas se hablaba de él (ganó el premio a mejor novato). Ahora su meta es ser el más rápido en las catorce etapas y con ello regalarle a Argentina su primera victoria en esta modalidad.

“Es un orgullo para la familia Benavides, que en mi caso con Honda y con mi hermano Luciano en KTM, conformemos parte de las grandes escuadras mundiales”, asegura el mayor de los Benavides en una entrevista al diario “El Tribuno” de Salta.

Luciano, con 22, es un piloto salido del enduro y motocross y buscará enfocar su entusiasmo de debutante para hacer una buena carrera, ya que aún le falta experiencia en navegación.

“El objetivo de Kevin es ganar el Dakar y el mío es llegar a la meta. Si me pongo a competir con él, será una equivocación muy grande”, dice Luciano, quien en agosto pasado sufrió la fractura de la clavícula derecha corriendo el Desafío Ruta 40. Logró recuperarse y está de vuelta. A golpes también está aprendiendo.

Si bien son hermanos y suelen entrenar juntos, para la competencia tienen prácticamente prohibido cruzarse para evitar polémicas con sus respectivos equipos. “El pedido es básicamente para que no haya cruces de información”, explica Luciano. “Lo entendemos, somos profesionales y cada uno es respetuoso con su equipo”, agrega Kevin.

Un accidente o algún inconveniente personal podría unirlos durante la competencia. Un problema mecánico sería la condena de uno, ya que su compañero de vida no podrá ayudarlo porque cada uno defiende colores distintos. “Siempre nos decimos: ‘Ya te voy a encontrar en el desierto sin agua’”, bromea Kevin, quien conoce de la solidaridad dakariana, pero entiende que para ganar hay que superar incluso al hermano.

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